Grace Nehmad

lunes, 10 de agosto de 2026

En el encuentro, tiempo del otro

 Emmanuel Levinas (1906-1995) - El tiempo es el Otro.

Para toda la filosofía occidental antes de él - desde Platón hasta Heidegger - el tiempo es algo mío. Mi tiempo. Mi ser-para-la-muerte.

Levinas le da la vuelta. Dice: No.

El Tiempo no es mío, nace del Otro.

Tú no sientes el tiempo porque tu reloj avanza. Sientes el tiempo porque el Otro te interrumpe.

Estás tranquilo, en tu mundo, y de pronto aparece un rostro. Alguien te mira. Y te dice sin hablar: "No me mates. Respóndeme."

Esa irrupción te saca de tu presente eterno y te obliga a tener futuro, a tener responsabilidad. El tiempo empieza ahí. No en el Big Bang. En el encuentro.

El Rostro - Visage:

El Otro no es una idea. Es un rostro desnudo, vulnerable. Cuando ves el rostro del otro - no sus ojos bonitos, su cuello, su mano herida que te preocupa - ves infinito.

Y ese infinito te acusa: tú eres responsable de él antes de haber elegido serlo. Antes de cualquier contrato. Antes de nacer, ya debes.

Levinas lo llama: responsabilidad asimétrica. Yo soy responsable del Otro sin esperar que él sea responsable de mí. Como un padre por su hijo. Como tú por la mano de esa persona.


¿Y qué tiene que ver con el tiempo?

Para Levinas, el verdadero futuro no es lo que yo planeo - mi carrera, eso es solo prolongar mi presente.

El verdadero futuro es lo que el Otro puede traer y que yo jamás podría inventar. Es impredecible, es mesiánico.

Por eso dice en El Tiempo y el Otro (1947):

> "El tiempo no es la limitación del ser, sino su relación con lo infinito. El tiempo es la manera en que el Infinito se abre en lo finito a través del Otro."


Heidegger dijo: "El tiempo es para entender mi muerte".

Levinas responde: "No, el tiempo es para entender que yo no soy el centro, y que mi vida solo vale si me hago rehén del Otro".

Es también la filosofía judía más pura después del Rambam: primero amar a Dios, y amar a Dios es no poder ser indiferente al rostro humano que tienes enfrente.


Prepararnos siempre para esos encuentros mágicos. En soledad construir para llegar a ellos. Es soledad sumada a solidaridad. Testimoniar mi historia pero ser testigos de todo otro será el juego hacia el encuentro y ahí devenimos uno. Elevamos y damos sentido a toda existencia.

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