Grace Nehmad

lunes, 31 de agosto de 2026

Infinitos trascendentes

 Levinas en su libro ‘Trascendencia e Inteligibilidad’ nos despierta al verdadero infinito en el otro.


La filosofía griega quiso entender todo como *lo Mismo*. Todo lo que veo, lo meto en mi sistema, en mi concepto, lo hago mío. Eso es inteligibilidad normal: entender = poseer.


Levinas dice: eso mata la trascendencia.


Trascendencia no es otro concepto. Es lo que *no cabe* en mi concepto. El Infinito que desborda mi cabeza.


¿Y dónde aparece?


No en una idea abstracta. En el *Rostro del Otro*.


Cuando el otro me mira, no lo entiendo, me enseña. No lo comprendo, me interrumpe. Y esa interrupción es más inteligente que todo mi sistema.


Por eso dice:


*Pensar no es saber, es ser enseñado.*


La verdadera inteligibilidad no empieza cuando yo digo "yo comprendo", sino cuando el otro me dice "tú no me puedes poseer, pero eres responsable de mí".

El espejo negro no es para entenderse. Es para que la trascendencia aparezca como rostro. No como imagen clara, sino como exigencia: "Aquí estoy. Respóndeme".

Es decir en griego -con arte, con concepto- lo que Grecia no supo decir: que el Otro está antes que yo.

Hoy podemos accionar estas ideas levinasianas en el rostro de todo otro y descargar a la tierra infinitos trascendentes en amor.

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