Grace Nehmad

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Feliz año a todos!

 Para Rosh Hashaná hay varios símbolos todos giran alrededor de empezar dulce y con abundancia. Se llaman los *Simanim* (señales):


*En la mesa:*


- *Manzana:* representa la creación, el mundo, la plenitud.

- *Miel:* representa la dulzura.

Comerla para tener un año bueno y dulce.


- *Jalá redonda* - no trenzada larga como siempre. El círculo es el ciclo del año, sin principio ni fin, y la corona.

- *Granada / Rimon* - que tengamos tantos méritos / cosas buenas como semillas tiene la granada (613).

- *Cabeza de pescado o de cordero* - _“que seamos cabeza y no cola”_ - estar al frente, liderando el año.

- *Dátiles, puerro, acelga, calabaza, frijol de carita* - cada uno con un juego de palabras en hebreo para pedir que se alejen los enemigos, que se anulen malos decretos, etc.

- *Zanahoria / Tzimmes dulce* - en yidis _meren_ significa zanahoria y también “multiplicar”, que se multipliquen nuestros méritos.


*Fuera de la mesa:*


- *Shofar* - el cuerno de carnero. Es EL símbolo central. Su sonido despierta, llama a reflexionar y a volver a empezar. Se toca 100 veces.

- *Tashlij* - ir a un río o mar y sacudir simbólicamente los bolsillos para tirar los pecados al agua.

- *Vestirse de blanco* - pureza y nuevo comienzo.

- *Tarjetas de Shaná Tová* - desear año bueno y dulce.

Música en nosotros

 La música nos hace bien y la escuchamos mucho. La Neuro ciencia nos dice mucho. Queremos saber cómo nos influye para ayudarnos. Darwin decía que era anterior al lenguaje pero posiblemente aparece a la par que el lenguaje. Es ancestral y nos hace bien pero no se ha estudiado bien, es curador el canto y a René claude la cura de Alzheimer. Cura memorias y emociones. Es evocadora de recuerdos e identidades. Memorizamos con fenómenos de la vida que enfrentamos y procesos. Los cantos de la madre son curativos. La voz de la madre sana. Tiene virtudes anti dolor.  En la cuna es central. Estar en el canto nos sana.  No está tan medido pero es evidente y lo tratan de documentar hoy en día en laboratorios. Es una percepción de música y otra adquirida. Ajustar los pasos debe trabajarse. Música interior es importante. Pienso que debemos trabajar nuestra música y compartirla, promete sanarnos desde el placer.

martes, 8 de septiembre de 2026

Revelación compartida

 Fenomenología ética


El trabajo de Lévinas se basa en la ética del otro, dónde propone a la ética como filosofía primera. Para Lévinas, el otro no es capaz de ser conocido y no debe ser objetivado o realizado, como lo hace la ontología. Lévinas prefiere pensar en la filosofía como “sabiduría que nace del amor” en vez de “Amor a la sabiduría” (significado etimológico de filosofía).

Lévinas deriva el principio de su ética de la experiencia del encuentro con el Otro. El encuentro cara-a-cara es la relación inevitable en la que la cercanía y la distancia de la otra persona logran sentirse y tener un efecto.

Pienso que debemos propiciar esos encuentros profundos cara a cara y seguir avanzando en la ayuda y revelación juntos desde el compromiso y responsabilidad existencial.

viernes, 4 de septiembre de 2026

Firmes

 Perasha Nitzavim-Vayelej


La sección de Nitzavím (firmes) contiene algunos de los principios más fundamentales de la fe judía:

La unión del pueblo judío: "Todos ustedes se encuentran hoy firmes ante Di-s, su Di-s, los jefes de sus tribus, los ancianos, los oficiales, todos los hombres de Israel; los niños, las mujeres, el extraño que vive con ustedes; desde el leñador hasta el aguatero".

La futura redención: Moshé advierte sobre el exilio y la desolación de la tierra que ocurrirá si el pueblo abandona las leyes Divinas. Sin embargo luego profetiza que, al final, "Retornarás hacia Di-s...

La practicidad de la Torá: Porque este mandato que te prescribo hoy no está más allá de ti, ni está lejos. No está en el cielo... No está del otro lado del mar... Por el contrario, es muy cercano a ti, en tu boca, en tu corazón, para que lo lleves a la práctica".

El libre albedrío: "Mira, pongo ante ti hoy, la vida y lo bueno, la muerte y lo malo... Y elegirás la vida". (Extraído de Jabad). Vayelej profundiza en la ira de Hashem al encontrar idolatría o que no se ha seguido su pacto, ira que puede llevar a la destrucción de las ciudades. Debemos saber escoger el camino del bien siempre y seguir el pacto.


Nos dice Rav Sacks:


La parashá de esta semana plantea una pregunta que va al corazón del judaísmo, pero que no se planteó durante muchos siglos hasta que la planteó un gran erudito español del siglo XV, el rabino Isaac Arama alrededor de nuestra elección. Moisés está casi al final de su vida. El pueblo está a punto de cruzar el Jordán y entrar en la Tierra Prometida. Moisés sabe que debe hacer una cosa más antes de morir. Debe renovar la alianza entre el pueblo y Dios. Los padres de esta nación habían asumido ese compromiso casi cuarenta años antes cuando se pararon en el Monte Sinaí y dijeron: “Todo lo que el Señor ha dicho, haremos y escucharemos”. (Éxodo 24:7) Pero ahora Moisés tiene que asegurarse de que la próxima generación y todas las generaciones futuras estén sujetas a ella. Quería que nadie pudiera decir: “Dios hizo un pacto con mis antepasados pero no conmigo. No di mi consentimiento. Yo no estaba allí. No estoy obligado. Por eso Moisés dice: No contigo solo hago este pacto y juramento; con ustedes que están aquí con nosotros hoy ante el Señor nuestro Dios lo haré, y también con aquellos que no están con nosotros hoy. Deut. 29:13-14 “Aquellos que no están con nosotros hoy” no puede significar israelitas vivos en ese momento que estaban en otro lugar. Toda la nación estuvo presente en la asamblea. Significa “generaciones que aún no han nacido”. Por eso el Talmud dice: todos somos mushba ve-omed meHar Sinai, “jurados del Sinaí”. (Yoma 73b, Nedarim 8a)


De ahí uno de los hechos más fundamentales sobre el judaísmo: excepto los conversos, no elegimos ser judíos. Nacemos como judíos. Nos convertimos en adultos legales, sujetos a los mandatos, a los doce años para las niñas, a los trece años para los niños. Pero somos parte del pacto desde el nacimiento. Un bat o bar mitzvah no es una “confirmación”. No implica la aceptación voluntaria de la identidad judía. Esa elección tuvo lugar hace más de tres mil años cuando Moisés dijo: “No solo con vosotros hago este pacto y juramento… también con los que no están hoy con nosotros”, es decir, con todas las generaciones futuras. Pero, ¿cómo puede ser esto así? No hay obligación sin consentimiento. ¿Cómo podemos estar sujetos a un compromiso sobre la base de una decisión tomada hace mucho tiempo por nuestros antepasados lejanos? Sin duda, en la ley judía se puede conferir un beneficio a otra persona sin su consentimiento. Pero aunque ser judío es sin duda un beneficio, también es, en cierto sentido, una responsabilidad, una restricción en nuestra gama de elecciones legítimas. ¿Por qué entonces estamos obligados ahora por lo que los israelitas dijeron entonces? Judíamente, esta es la última pregunta. ¿Cómo se puede transmitir la identidad religiosa de padres a hijos? Si la identidad fuera meramente étnica, podríamos entenderla. Heredamos muchas cosas de nuestros padres, más obviamente nuestros genes. Pero ser judío no es una condición genética. Es un conjunto de obligaciones religiosas.


Los Sabios dieron una respuesta en forma de tradición sobre la parashá de hoy. Dijeron que las almas de todas las generaciones futuras estaban presentes en el Sinaí. Como almas, dieron libremente su consentimiento, generaciones antes de nacer. (Shevuot 39a) Elige la vida. En muchas otras religiones, la vida aquí en la tierra con sus amores, pérdidas, triunfos y derrotas, no es el valor más alto. El cielo se encuentra en la vida después de la muerte, o el alma en comunión ininterrumpida con Dios, o en la aceptación del mundo que es. La vida es eternidad, la vida es serenidad, la vida es libre de dolor. Pero eso, para el judaísmo, no es del todo vida. Puede ser noble, espiritual, sublime, pero no es la vida en toda su pasión, responsabilidad y riesgo. El judaísmo nos enseña cómo encontrar a Dios aquí en la tierra, no allá arriba en el cielo. Significa comprometerse con la vida, no refugiarse de ella. No busca tanto la felicidad como la alegría: la alegría de estar con los demás y junto a ellos hacer una bendición sobre la vida. Significa correr el riesgo del amor, del compromiso, de la lealtad. Significa vivir para algo más grande que la búsqueda del placer o el éxito. Significa atreverse mucho. El judaísmo no niega el placer, porque no es ascético. No adora el placer. El judaísmo no es hedonista. En cambio, santifica el placer. Lleva la Presencia Divina a los actos más físicos: comer, beber, intimidad. Encontramos a Dios no solo en la sinagoga sino en el hogar, la casa de estudio y los actos de bondad; encontramos a Dios en la comunidad, la hospitalidad y dondequiera que reparamos algunas de las fracturas de nuestro mundo humano. Es por eso que, aunque pocas religiones son más exigentes, la mayoría de los judíos en la mayoría de los casos se han mantenido fieles al judaísmo, viviendo vidas judías, construyendo hogares judíos y continuando la historia judía. Por eso, con una fe tan inquebrantable como probada, Moisés estaba convencido de que “no sólo con vosotros hago este pacto y juramento… también con los que hoy no están con nosotros”. Su regalo para nosotros es que al adorar a algo mucho más grande que nosotros mismos nos volvemos mucho más grandes de lo que hubiéramos sido de otra manera. ¿Por qué el judaísmo? Porque no hay forma más desafiante de elegir la vida.


Me encantan la claridad y el impulso que nos da Rab Sacks para elegir ser lo que somos, nuestro legado, y cumplir con la cadena de amor en responsabilidad y compromiso. También preocuparnos por pasar la estafeta y nuestro legado cumpliendo con nuestros ciclos existenciales en amor. Ser para todo otro en acción, siempre unidos y cuidando nuestras tradiciones con valor y alegría, con la fuerza y la fe que renuevan nuestro pacto de manera cotidiana y nos engrandecen a niveles espirituales insospechados para aproximar toda redención, la redención final.

¡Shabat shalom a todos! 

Grace Nehmad

lunes, 31 de agosto de 2026

Infinitos trascendentes

 Levinas en su libro ‘Trascendencia e Inteligibilidad’ nos despierta al verdadero infinito en el otro.


La filosofía griega quiso entender todo como *lo Mismo*. Todo lo que veo, lo meto en mi sistema, en mi concepto, lo hago mío. Eso es inteligibilidad normal: entender = poseer.


Levinas dice: eso mata la trascendencia.


Trascendencia no es otro concepto. Es lo que *no cabe* en mi concepto. El Infinito que desborda mi cabeza.


¿Y dónde aparece?


No en una idea abstracta. En el *Rostro del Otro*.


Cuando el otro me mira, no lo entiendo, me enseña. No lo comprendo, me interrumpe. Y esa interrupción es más inteligente que todo mi sistema.


Por eso dice:


*Pensar no es saber, es ser enseñado.*


La verdadera inteligibilidad no empieza cuando yo digo "yo comprendo", sino cuando el otro me dice "tú no me puedes poseer, pero eres responsable de mí".

El espejo negro no es para entenderse. Es para que la trascendencia aparezca como rostro. No como imagen clara, sino como exigencia: "Aquí estoy. Respóndeme".

Es decir en griego -con arte, con concepto- lo que Grecia no supo decir: que el Otro está antes que yo.

Hoy podemos accionar estas ideas levinasianas en el rostro de todo otro y descargar a la tierra infinitos trascendentes en amor.

viernes, 28 de agosto de 2026

Luz retornante

 Perashá ki-tavo 


Moshe instruye al Pueblo de Israel: Cuando entres a la tierra que Di-s te esta entregando como herencia eterna, y la establezcas y la cultives, trae las primeras frutas (bicurím) de tu huerta al Sagrado Templo, y declara tu gratitud por todo lo que Di-s ha hecho por ti. También se dan las leyes de los diezmos en esta perashá y cómo proclamar las bendiciones y maldiciones desde los montes Eival y Grizim y termina con la tojajá o reprimenda.


Nos dice Rab Sacks:


Podemos ver en esta perasha el concepto de felicidad y alegría.

La felicidad, dijo Aristóteles, es el bien supremo al que aspiran todos los humanos. Pero en el judaísmo no es necesariamente así. La felicidad es un valor alto. Ashrei, la palabra hebrea más cercana a la felicidad, es la primera palabra del libro de los Salmos. Decimos la oración conocida como Ashrei tres veces al día. Seguramente podemos respaldar la frase de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de que entre los derechos inalienables de la humanidad se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Pero Ashrei no es el valor central de la Biblia hebrea. Casi diez veces más frecuente aparece la palabra simjá, alegría. Es uno de los temas fundamentales de Deuteronomio como libro. La raíz s-m-ch aparece solo una vez en Génesis, Éxodo, Levítico y Números, pero no menos de doce veces en Deuteronomio. Se encuentra en el corazón de la visión mosaica de la vida en la Tierra de Israel. Ahí es donde servimos a Dios con alegría. La alegría juega un papel clave en dos contextos en la parashá de esta semana. Uno tiene que ver con llevar las primicias al Templo de Jerusalén. Después de describir la ceremonia que tuvo lugar, la Torá concluye de la siguiente manera: “Entonces te regocijarás en todas las cosas buenas que el Señor tu Dios te ha dado a ti y a tu familia, junto con los levitas y el extranjero en medio de ti”. Deut. 26:11


El otro contexto es bastante diferente y asombroso. Ocurre en el contexto de las maldiciones. Hay dos pasajes de maldiciones en la Torá, uno en Levítico 26, el otro aquí en Deuteronomio 28. Las diferencias son notables. Las maldiciones en Levítico terminan con una nota de esperanza. Aquellos en Deuteronomio terminan en una desesperación sombría. Las maldiciones de Levítico hablan de un abandono total del judaísmo por parte del pueblo. El pueblo camina bekeri con Dios, que se traduce de diversas formas como "con hostilidad", "rebeldemente" o "despectivamente". Pero las maldiciones en Deuteronomio son provocadas simplemente “porque no serviste a Jehová tu Dios con gozo y alegría de corazón por la abundancia de todas las cosas”. (Deuteronomio 28:47)


Simjá, alegría, en la Torá nunca se trata de individuos. Siempre se trata de algo que compartimos. Un hombre recién casado no sirve en el ejército durante un año, dice la Torá, para poder quedarse en casa “y traer alegría a la esposa con la que se ha casado”. (Deut. 24:5) Llevarás todas tus ofrendas al santuario central, dice Moisés, para que “allí, en la presencia del Señor tu Dios, tú y tus familias comeréis y os regocijaréis en todo lo que habéis puesto vuestras manos. porque el Señor tu Dios te ha bendecido”. (Deu. 12:7) Las fiestas como se describen en Deuteronomio son días de alegría, precisamente porque son ocasiones de celebración colectiva: “tú, tus hijos e hijas, tus siervos y siervas, los levitas en tus ciudades, y los extranjeros , los huérfanos y las viudas que viven entre vosotros. (Deut. 16:11) Simja es alegría compartida. No es algo que experimentamos en soledad. Hay religiones orientales que prometen paz mental si podemos entrenarnos en hábitos de aceptación. Epicuro enseñó a sus discípulos a evitar riesgos como el matrimonio o una carrera en la vida pública. Ninguno de estos enfoques debe negarse, pero el judaísmo no es una religión de aceptación, ni los judíos han tendido a buscar una vida libre de riesgos. Podemos sobrevivir a los fracasos y derrotas si nunca perdemos la capacidad de alegría. Cada Sucot dejamos la seguridad y la comodidad de nuestras casas y vivimos en una choza expuesta al viento, al frío y a la lluvia. Sin embargo, lo llamamos zeman simchatenu, nuestra temporada de alegría. Eso no es una pequeña parte de lo que es ser judío. De ahí la insistencia de Moisés en que la capacidad de alegría es lo que le da al pueblo judío la fuerza para resistir. Sin ella, nos volvemos vulnerables a los múltiples desastres establecidos en las maldiciones de nuestra parashá. Celebrar juntos nos une como pueblo: eso y la gratitud y la humildad que provienen de ver nuestros logros no como hechos por nosotros mismos sino como bendiciones de Dios. La búsqueda de la felicidad puede conducir, en última instancia, a la autoestima y la indiferencia ante los sufrimientos de los demás. Puede conducir a un comportamiento de aversión al riesgo y a la falta de "atreverse en gran medida". No tanta alegría. El gozo nos conecta con los demás y con Dios. El gozo es la capacidad de celebrar la vida como tal, sabiendo que sea lo que sea lo que traiga el mañana, hoy estamos aquí, bajo el Cielo de Dios, en el universo que Él hizo, al cual Él nos ha invitado como Sus huéspedes. Hacia el final de su vida, después de haber estado sordo durante veinte años, Beethoven compuso una de las mejores piezas musicales jamás escritas, su Novena Sinfonía. Intuitivamente intuyó que esta obra necesitaba el sonido de voces humanas. Se convirtió en la primera sinfonía coral de Occidente. Las palabras que puso en música fueron la Oda a la Alegría de Schiller. Pienso en el judaísmo como una oda a la alegría. Al igual que Beethoven, los judíos han conocido el sufrimiento, el aislamiento, las dificultades y el rechazo, pero nunca les faltó el coraje religioso para regocijarse. Un pueblo que puede conocer la inseguridad y aún así sentir alegría es uno que nunca puede ser derrotado, porque su espíritu nunca puede ser quebrantado ni su esperanza destruida. Como individuos podemos aspirar a la bondad que conduce a la felicidad, pero como parte de una comunidad moral y espiritual, incluso en tiempos difíciles nos encontramos elevados en las alas de la alegría.


Me parece como dice Rab Sacks que a pesar de todas las dificultades que hemos atravesado, somos un pueblo feliz porque nos sabemos elevar en las alas de la alegría a cada instante de nuestras vidas, sabemos compartir el amor y vivimos en convivencia en cada una de nuestras fiestas y en especial en cada shabat.

Somos guerreros que enfrentamos la vida ante todo con y gran corazón cantando y bailando y buscando toda oportunidad y pretexto para compartir en amor y alegría.

¡Shabat shalom a todos!

Grace Nehmad

jueves, 27 de agosto de 2026

Ejemplos de vida

 Exilio e impermanencia. Es este autor especial, René Depestre, ejemplo revolucionario como escritor y poeta. Su objeto es doble desde las miradas paralelas. ¿Quién nos sostiene? La vida es mezcla y somos muchas historias que se comparten e imitan, transmitir los colores de la vida y equilibrios. Caminar la vida y compartirla en amor. Son muchas luchas y tormentas. En los senderos encontramos complices. Viajar buscando y encontrar respuestas. El gusto por el trabajo y la disciplina debe prevalecer, nos dice. Despertar temprano a trabajar pero en fuerza y espacio, dice, sin forzar demasiado para fluir como escritor y poeta y en la vida doble política y social, la realidad se impone. Y saber equilibrar y transmitir.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Caminos paralelos

 Jankélévitch

habla de lo inefable como la música y tocaba el piano mucho. Debussy y Rabel, Satie en su mente y filosofía. No existe casi, es impalpable, inconsistente. Es la vida como la noche de Fauré y el amanecer de Satie, decía. También le gustaba Fauré como la manera de descifrar en música y lo trasladaba a la filosofía. No se requiere de exactitud es aliento al borde, en gracia, recorrer senderos. Es como deslizarse de un elemento a otro. Me parece que utiliza mucho la música para aterrizar las palabras, que nos podemos inspirar en él y ayudarnos de la música para vivir y comprender más. Tampoco se sentía profesional, sólo le gustaba, herramienta de vida. No necesitamos ser profesionales, sólo crear y estar presentes.