Levinas estudia la paradoja de la escucha como un filósofo que no ha situado explícitamente la estética en el
centro de sus preocupaciones nos dice Danielle Cohen en su reflexión, a excepción de la literatura y la poesía, a las
que a él gustaba designar con la expresión “mis experiencias pre-filosóficas”,
y también a excepción de una mirada habitada por algunos artistas como la de su propia familia. Pero los vínculos están ahí y la influencia en su obra ética centrada en el otro.
Esta lectura está cogida en la elipse de esa incesante atención que él prestaba
al arte, una proximidad a la vez respetuosa y vigilante.
Esta distancia es referencia, es la difícil articulación entre la ética y la
estética que supone un conocimiento de ambas, pero también, y de manera más
paradójica, el retiro de una respecto de la otra, la conciencia de una ruptura
o de una cesura como acto de vigilancia a la vez histórico y crítico. Y yo pretendo unirlas, tender puentes desde el respeto, abrir dimensiones poco a poco. Pienso es posible desde la disciplina y la escucha, desde esta vigilancia y respeto que lleven a la diligencia como diría Luzzatto. Esa diligencia que abra mundos y nos lleve a ver y comprender más para ayudar más y mejor a todo otro.
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