En ´Comentando acertijos’ Rab Barylka en su libro ‘La fortaleza de Rabí Akiva’
Nos hace conscientes de que siempre lo que vemos puede tener historias escondidas como en el relato de Akiva en la posada en el cual el dueño de la posada no es quien dice ser y les da carne de perro y vino de un cementerio. Debemos dudar y cuestionar todo, pensar que todo es para bien pues Hashem está detrás de todo pero ver y evaluar la realidad y nuestras fuentes para tomar las mejores decisiones de vida. Concluye esta sección Rab Barylka diciéndonos que los métodos de enseñanza de maestros de la antigüedad ofrecen argumentos convincentes para descartar los relatos como históricos… en lugar de asistir a una escuela primaria pública o rabínica, Akiva y su hijo asistieron a una academia de escribas.
Ello me hace pensar en que a veces el mejor maestro es el que tenemos en frente, nuestros amigos y nuestros padres y abuelos y tíos, la gente que trabaja para nosotros y para la que trabajamos, el barrendero mismo, la gente más humilde. Podemos entonces enaltecer a todo otro y aprender de él, pues ¿quién es sabio?, nos dice nuestra Torá, el que sabe escuchar y aprender de los demás.
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