Grace Nehmad

sábado, 18 de julio de 2026

Cafecitos parisinos

 Hoy es domingo y mucho cierra por aquí en París. Lo estoy viviendo esta vez como una verdadera local que absorbe todo su calor de verano. A pesar de ser domingo las calles habitadas vibran con sus bicis y motos, sus bolsas enormes de basura y semáforos que detienen muchos automóviles. Entonces el descanso dominical es dudoso. Parece que los que descansan son los dueños de los restaurantes y cafés que quieren ellos mismos tomarse un café con amigos.  Me sumerjo  en las pláticas de los cafés, en su música particular y sus voces e idiomas.  El tiempo vuela y el calor lo estanca.  Aquí no hay tantos perros en las calles como en México. Es gran moda en México  pasearse con los propios perros, parte de la propia identidad. Se ha vuelto una carta de sostén y de identidad ante nuestras carencias que se multiplican con la edad. Nuestros perritos nos acompañan y dan seguridad. Puede ser que en los cafecitos no admiten perros y  nadie puede omitir sus cafecitos.  Quizás la vida sin cafecitos no tiene sentido en París. También la gente ama los bares o hacer del café un bar y tomar vinos, cervezas y aperitivos. A menudo ni el croissant te sirven en los cafecitos, no los ofrecen o se les terminan rápido.  Es bonito sentir la plática y vida vibrante que rescata la soledad del hombre urbano. En mi medio en México  no  siento tan esparcido este tema y por ello quizás abundan los perritos. En cualquier caso yo parto a mi siguiente café de observación.

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