Estoy en un París diferente y mucho más retador para mí. Ya no soy una jovencita y estoy algo cansada de tanta negación exterior y de tanta falta de cuidado. A nadie le importa nada de los demás y somos seres con muchas carencias. Observo mucho más y reflexiono en mis mundos y lo que realmente logré en ellos hasta ahora. La verdad que me han impuesto miles de impedimentos para todo y parece que nací en una familia que comprende y valora poco lo que hago. Quieren pero en realidad no y hubieran valorado otras cosas, pero los mensajes se cruzaron y no fueron nada claros. Total que no fui nada de lo que querían de mí y lo que yo aspiré no se logró con independencia. Ni modo. Ya me cansé de aventurarme a buscarlo y cruzar mundos y lenguas. Regresaré al maltrato que me corresponde como mujer beduina. Quise escapar de ello. No lo logré. Regreso a lo que me iban a otorgar. Era lo que correspondía. En otros mundos hubiera sido diferente pero es el mismo tema de lo económico que tampoco cuadra. Entonces se trata de aceptar las incongruencias terrenales y pasarlo lo mejor posible en esta dimensión terrenal en la cual no me resolví. Es evidente que las ideas nuevas y bonitas en casa las matan y desaprueban, fuera de casa la competencia no les logra apoyos. Entonces la elección es seguir trabajando en silencio y tratar de ver lo evidente. Es que el tiempo del escape se acabó y no logré hasta ahora al tratar de salir. Silencio y no decirle a nadie nada porque irremediablemente compiten, aplastan y descalifican. Irse pero en el mismo lugar, irse dentro y escalar para adentro. Al final el cambio profundo debo hacerlo yo. Quería compartir en familia mis regalos divinos de manera abierta. No es nada posible. Debo hacerle de otra manera. Las soluciones serán otras y ya vendrán.
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