¡Aquí estoy en París! Me tomó quince años regresar y la verdad que estoy feliz de haberlo logrado. Parecía un sueño imposible, irrepetible. Llegué a mi curso de canto y es también hermoso llegar a la academia, vivirla profundamente. Me doy cuenta de que llevo cantando quince años y soy cantante en sí, soy algunas cosas en sí y combinadas y en varias cosas de la vida práctica fallo bastante, soy otra, como que no puedo estar tan presente porque no compagino con muchas historias alrededor de mí y no me siento comprendida ni aceptada y prefiero no estar tanto, estar un poquito y volar a otra parte. Me gustaría encontrar mi verdadero lugar pero me aprietan los marcos rígidos y me escapo. Al mismo tiempo ya no quiero tanto escape, quiero estar y quedarme. No puedo porque me quieren obligar a no ser mi esencia libre y femenina, limitar mis derechos a ser y existir, coartarme, nulificarme. Mi libre libertad termina siendo al margen del mundo. Al margen de mis mundos. Tomo un poquito de cada uno y vuelo. Es bello y muy doloroso a la vez. Observo, investigo y parto. No sé si existe una mejor manera de ser para mí. Dejar de casarme con mis vacíos. Dejar de casarme con mis padres y mi hijo. Mi hijo en realidad ya voló. Seremos sólo mis padres y yo, aunque entonces mis hermanos se encelan de mi lugar privilegiado. Ya se resolverán estas extrañas luchas y acomodos. Por lo pronto, seguir recorriendo París.
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