_De Dios que viene a la idea_ (1982, edición en español Caparrós 1995) es la obra más teológica de Levinas, aunque él insiste que no hace teología, sino filosofía.
Es una colección de ensayos, el central es *"Dios y la filosofía"*. Resumen de su idea:
*1. La pregunta:* ¿Cómo puede tener sentido la palabra "Dios" después de la muerte de Dios de Nietzsche y después del Holocausto, sin caer en onto-teología? Es decir, sin convertir a Dios en un Ser supremo, un objeto, una idea de la razón.
*2. La respuesta de Levinas:* Dios no viene a la idea como un concepto que yo comprendo, ni como una causa del mundo. Dios viene a la idea a través del Otro.
> "Es en esta preeminencia del otro hombre sobre mi propio yo, más que en mi admiración por la creación... como Dios viene a la idea"
*3. El Rostro:* Lo que Levinas llama _le visage_ - el rostro desnudo, vulnerable del otro que me dice "No matarás". Ese rostro me afecta antes de que yo piense. Me ordena y me hace responsable de forma infinita, sin que yo haya elegido serlo.
En ese mandato, en esa responsabilidad que no viene de mí, es donde Dios adviene. No es que el Otro sea Dios, sino que en su fragilidad está la huella, la proximidad de Dios.
> "Dios viene a la idea apelando o llamando en imperativo a través del otro hombre, de su rostro"
*4. Consecuencia:* Por eso la ética es la filosofía primera, y es "una óptica de lo divino". La teología comienza en el rostro del prójimo. La divinidad de Dios se juega en lo humano.
Dios no es un principio abstracto, sino el que manda "haz cualquier cosa para que viva el otro". El Infinito que Descartes descubrió dentro de nosotros, Levinas lo reinterpreta: no es una idea innata, es la exigencia ética infinita que el Otro despierta en mí.
En corto: para Levinas no llego a Dios por la razón o por la contemplación del ser, llego a Dios cuando respondo _Heme aquí_ al sufrimiento del otro.
Y yo pienso que es central atender a todo otro y también entregar lo propio, nuestro universo interior nos habla muy fuerte y debemos revelarlo también para el otro en este equilibrio ético de darle en lo concreto y revelar los secretos interiores, tesoros de cada uno como espejo existencial para todo otro pues somos cuerpo y alma y el llamado de la zarza ardiente de Moshe es para cada uno su llamado de misión existencial que debe atender y entregar a todo otro en amor.
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