Entonces, después de mi infancia de marimacha, llegó mi tema femenino de casada y me desarrollé bonito y me hice madre y a la par, sufrí todas las contradicciones de la maternidad y de la vida en pareja, del no haberme constituido laboralmente antes de casarme. Sufrí violencias insospechadas, incomprensibles. Fui sacando a mi hijo adelante y a mi ex marido como pude. Las fortalezas y debilidades de mis padres también afloraron. Con todo y todo embonaba por ser casada. Al divorciarme y no tener profesión remunerada afloró más negatividad. Volví a mi esencia y seguí con fuerza. Vi cosas terribles pero me fortalecí y caminé hacia mi certeza. Escribí y pinté y continué y di clases y persistí en certeza y reafirmación, en continuidad y calma y mi sol salió sin miedo.
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