El vidui es una preparación para el sueño en la tradición judía, una confesión literal, una especie de revisión del día y ajuste de cuentas como se hace de manera anual en el día del perdón. Decimos más o menos así:
Que sea tu voluntad, Padre mío, Padre de la misericordia, que aceptes mi arrepentimiento y me perdones todos mis pecados, y que reines sobre nosotros, Rey misericordioso."
"Confesión
Medida de hombre ante ti
Yo, este hombre, soy culpable
He pecado ante ti
Y he hecho el mal
Yo soy el pecador
Y el transgresor
Y el que se mancha
Y el que se rebela
Y el que destruye
Y el que hace tropezar
Y el que enoja
Y el que se rebela
Y el que se desvía
Y el que hace mal
Y el que destruye
Y el que hace tropezar
Y el que enoja
Y el que se rebela
Y el que se desvía
Y por todo esto, Dios mío,
Yo confieso
Y reconozco
Y me arrepiento
Y me vuelvo
Y acepto
Y hago
Y cumplo
Y pago
Y hago
Y hago y cumplo.
Me aparece enorme esta tarea y de gran exigencia cotidiana sin embargo si vemos lo divino como un espejo y tratamos en especial de aproximar nuestra esencia puede resultar un ejercicio simple y sanador, liberado de la carga de culpa que a menudo imprimimos en lo que hacemos y quizá para evadirnos. El revisar y mirarnos dentro, ver si fuimos los que quisimos y vinimos a ser, tratar de corregir y mejorar, de ayudarnos más unos a otros y aprender más unos de otros y compartir en amor. Soltarnos. Lograr simplemente ser y estar en amor. Relajarnos y entregarnos al sueño, al otra día cuando amanezca entregarnos al sueño de la vida renovados.
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