La Torá es superior al sacerdocio y al reinado. Pues el reinado se adquiere por medio de treinta virtudes y al sacerdocio por medio de veinticuatro; mientras que la Torá se adquiere a través de cuarenta y ocho cosas. Y estas son:… 20) La paciencia. 21) Un buen corazón.
¡Qué buena y agradable es la paciencia! Esta es una buena cualidad que toda persona necesita, tanto el grande según su grandeza y así también el pequeño de acuerdo con su pequeñez. Para considerarse un hombre paciente, se requiere de la capacidad de tolerar la expectación, o las dificultades sin perder la calma o la compostura. Es una virtud que implica ser capaz de controlar las emociones y reacciones en situaciones desafiantes o estresantes; no se frustra ni se impacienta tan fácilmente. Una persona paciente, controla mejor sus nervios, mantiene una comunicación más asertiva, toma decisiones más reflectivas y por ende más efectivas. Quien es tolerante tiende a ser también resiliente y perseverante, lo que le permite un mayor logro de objetivos.
Nuestros Sabios, hacen mucho hincapié en esta virtud. Los Maestros del Musar ofrecen muchos consejos y técnicas para evitar reacciones de ira: Antes de que hables, el habla es tu prisionero; después de haber hablado, tú eres su prisionero. Por eso, aun si el corazón de una persona está prendido como el fuego y quiere decir lo que piensa, deberá esforzarse como un león para doblegar a su instinto y frenar sus palabras: Si una palabra vale una moneda, el silencio vale dos.La cautela vale tanto como 400 monedas.Especialmente en momentos de enojo debe actuar como si no tuviera boca, porque si habla no será con sabiduría. Una persona, incluso con sus palabras, puede provocar un pleito, insultar y agraviar, y sin importarle siquiera la Presencia Divina. Por eso, el silencio es tan bueno, bienaventurado aquel que aguanta, y no responde ante el agresor, pues: quien cuida su boca y lengua, cuida su alma de sufrimientos,y ameritará un gran bien.
Este aspecto me parece central en la existencia, controlar nuestras palabras, escogerlas, no decir tantas… tendemos a aventarlas sin reflexión. Ello es el centro de nuestra paciencia. Es quizás lo más importante que vinimos a trabajar a esta dimensión y en lo que esperamos, podemos aprovechar para bendecir a todo otro, cambiar nuestras palabras y materializar las bonitas para ayudar más y mejor en amor.
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