Nos dice Soloveitchik:
"El hombre de la fe es un hombre solitario. Su soledad no es una condición geográfica o social, sino existencial. Está solo con Dios, y esta soledad es la fuente de su libertad y su responsabilidad. No puede compartir su experiencia de Dios con nadie, no puede delegar su responsabilidad ante Dios a nadie. Debe enfrentar a Dios solo, y responder a Su llamado solo. Esta soledad es la condición de su existencia como hombre de fe." (El hombre solitario de la fe, p. 45).
Y sin embargo, debemos encontrar la manera de compartir y de aprender de otros. Dar y recibir. Fino equilibrio de saberes. Saber compartir sin vanagloriarse de nada. Hacerlo por el otro en el centro de la humildad.
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