Grace Nehmad

viernes, 24 de abril de 2026

Ser santos y perfeccionarnos

 Perasha Ajare-Mot de Jabad:


Resumen de la Parashá

Levítico 16:1-18:30

 

Luego de la muerte de Nadav y Avihu, Di-s advierte sobre la entrada “al lugar santo” sin autorización. Sólo el Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) puede, una vez al año, en Iom Kipur, entrar al cuarto más interno del Santuario para ofrendar el santo incienso – ketoret a Di-s.


Otra de las características del Día de Expiación es el azar echado sobre dos carneros para determinar cuál debe ser ofrendado a Di-s y cuál debe ser despachado para cargar los pecados de Israel hacia el desierto.


La parashá Ajarei también advierte sobre ofrendar korbanot (ofrendas animales o vegetales) en cualquier otro lugar excepto el Santo Templo, prohíbe el consumo de sangre, y detalla las leyes de relaciones prohibidas, prohibiendo el incesto y cualquier otra relación sexual inapropiada.


Nos dice Rab Sacks:

Somos llamados a tener nuestra propia tierra.

Podemos entender esto mejor reflexionando sobre los primeros capítulos de la Torá y la historia que cuentan. Dios buscó una humanidad que elegiría libremente hacer la voluntad de su Creador. La humanidad eligió otra cosa. Adán y Chava pecaron. Kayin asesinó a su hermano. Pronto “la tierra se llenó de violencia” y Dios “se arrepintió de haber hecho seres humanos en la tierra”. Él trajo el Diluvio y comenzó de nuevo, esta vez con el justo Noé, pero nuevamente los humanos lo decepcionaron. Y entonces Dios eligió otro camino, esta vez con un ejemplo vivo: Avraham, Sara y sus hijos, quienes se convertirían en un pueblo con un pacto y la Torá..

Los mandamientos de la Torá son una prescripción para la construcción de una sociedad con Dios en el centro. Dios pide al pueblo judío que se convierta en un modelo para la humanidad por la forma y textura de la sociedad que construye, una sociedad caracterizada por la justicia y el imperio de la ley, el bienestar y la preocupación por los pobres, los marginales, los vulnerables y los débiles. una sociedad en la que todos tendrían la misma dignidad bajo la soberanía de Dios. Pero una sociedad necesita tierra, un hogar y un lugar espacial donde una nación pueda moldear su propio destino de acuerdo con sus aspiraciones e ideales más profundos. Los judíos existen desde hace mucho tiempo, casi cuatro mil años. Durante ese período, vivieron en todos los países de la faz de la tierra, en buenas y malas condiciones, en libertad y persecución. Sin embargo, en todo ese tiempo, sólo hubo un lugar donde formaron una mayoría y ejercieron soberanía: la Tierra de Israel, un pequeño país de terreno difícil y muy poca lluvia, rodeado de enemigos e imperios.

Dondequiera que estuvieran, oraban por Israel y de cara a Israel. El pueblo judío siempre ha sabido que su centro es la tierra santa, y dentro de ella, Jerusalén la ciudad santa. Durante esos largos siglos de exilio vivieron suspendidos entre la memoria y la esperanza, sostenidos por la promesa de que un día Dios los traería de regreso.

Los judíos necesitan una tierra porque son una nación encargada de traer la Presencia Divina a la tierra en los espacios compartidos de nuestra vida colectiva. Este mensaje de que los judíos necesitan una tierra para crear su sociedad y seguir el plan Divino contiene un mensaje para judíos, cristianos y musulmanes por igual. A los cristianos y musulmanes les dice: si creen en el Dios de Abraham, aseguren que los hijos de Abraham tengan derecho a la tierra que Dios les prometió, y a la que les prometió que después del exilio regresarían. Para los judíos, dice que nuestro derecho va de la mano con el deber de vivir individual y colectivamente según los estándares de justicia y compasión, fidelidad y generosidad, amor al prójimo y al extraño. Esto constituye nuestra misión y destino: un pueblo santo en tierra santa.


Pienso que con los tiempos difíciles que estamos viviendo debemos sacudirnos el polvo y retornar a las premisas básicas que nos constituyen como pueblo y vigilar que se cumplan. Debemos de seguir persiguiendo los valores que nos forman de manera individual y colectiva y superarnos paso a paso para materializar el ejemplo dentro y fuera que nos comprometimos a ser. Queriendo ser santos como Hashem a imagen y semejanza y perfeccionándonos siempre.


¡Shabat shalom a todos!

Grace Nehmad.

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