Grace Nehmad

viernes, 10 de abril de 2026

Asumir la misión

 Perasha shemini

Resumen de la Parashá

Levítico 9:1-11:47

En el octavo día luego de los “siete días de inauguración” Aarón y sus hijos comienzan a oficiar como Kohaním (sacerdotes); un fuego Divino aparece para consumir las ofrendas del Altar y la Presencia Divina viene a morar en el Santuario.

Los dos hijos mayores de Aarón, Nadav y Avihú ofrecen “un fuego extraño frente a Di-s, que Él no les mandó” y mueren en el Santuario. Aarón permanece en silencio frente a la tragedia. Moshe y Aarón están en desacuerdo al respecto de un punto específico de una ley de las ofrendas, pero Moshe da la razón a Aarón.

Di-s entrega las leyes de cashrut – comida apta para ser consumida, identificando las especies de animales que pueden ser consumidas y aquellas que no. Los animales terrestres están permitidos sólo si tienen las pezuñas partidas y son rumiantes; los peces deben tener escamas y aletas; una lista de aves no casher es dada, y una lista de insectos casher (cuatro tipos de langostas).

También son dadas algunas leyes de pureza ritual, incluyendo el poder de purificación de la mikve (una pileta de agua con características especiales) y de los manantiales. Con lo cual el pueblo judío es mandado a “diferenciar entre los impuro y lo puro.”


Nos dice Rab Sacks:

Debería haber sido un día de júbilo. Los israelitas habían finalizado  el Mishkán, el Santuario. Durante siete días Moshé había hecho los preparativos para su consagración. El octavo día — el primero de Nissan (Éxodo 10:2) a un año del día en que los israelitas recibieron la orden, dos semanas antes  del Éxodo­­­­­ — el servicio en el  Santuario estaba por comenzar. Los sabios luego dirían que en el cielo fue el día más glorioso desde la Creación (Meguilá 19b).


Pero la tragedia ocurrió. Los dos hijos mayores de Aarón “ofrecieron un fuego extraño que no había sido ordenado” (Levítico 10:1) y un fuego proveniente del cielo destinado a consumir los sacrificios, los consumió también a ellos. Murieron. La alegría de Aarón se tornó en duelo. Vayidom Aarón. Y Aarón permaneció en silencio (10:3). El hombre que había sido vocero de Moshé no pudo hablar. Las palabras se transformaron en ceniza en su boca.


Hay muchos aspectos de este episodio que son difíciles de entender, y mucho tiene que ver con el concepto de santidad y la energía potente liberada que, como la energía nuclear actual, puede ser muy peligrosa si no se usa adecuadamente. Pero hay también una historia más humana acerca de  dos enfoques sobre el liderazgo que aún  resuenan en la actualidad.


Para entender este drama con profundidad podemos penetrar en la historia de Aarón. Leemos cómo Moshé le dijo que comenzara su rol como Sumo Sacerdote. “Moshé (entonces) le dijo a Aarón: ‘Acércate al altar y prepara tu ofrenda de pecado y la ofrenda de fuego como expiación para ti y para el pueblo… Luego prepara la ofrenda del pueblo como expiación de ellos, como lo ordenó Dios’ ” (Levítico 9:7).


Los sabios percibieron una sutileza en las palabras “Acércate al altar,” como si Aarón estuviera a cierta distancia, a acercarse. Dijeron: “Al principio Aarón estaba avergonzado de acercarse. Moshé le dijo: ‘No te avergüences. Es para esto que tú has sido elegido’.”


¿Por qué estaba avergonzado Aarón? La tradición propone dos explicaciones, las dos presentadas por Najmánides en su comentario sobre la Torá. La primera, es que Aarón simplemente estaba abrumado por estar tan cerca de la  Presencia Divina. La segunda, es que al ver Aarón los “cuernos” sobre el altar, le recordó el episodio del Becerro de Oro, su gran pecado. ¿Cómo podía ser que él, que había tenido una participación clave en ese terrible evento, pudiera asumir el rol de expiar los pecados del pueblo? Eso requería una inocencia que ya no tenía. Moshé tuvo que recordarle que era precisamente para la expiación de los pecados del pueblo que fue hecho el altar; y el hecho de que había sido elegido como Sumo Sacerdote por Dios, era una señal inequívoca de que había sido perdonado.


 Hay una tercera explicación, quizás menos espiritual. Hasta ahora Aarón había sido en todo aspecto el segundo de Moshé. Había estado a su lado en todo momento, ayudándolo a hablar y liderar. Pero hay una gran diferencia psicológica entre ser el asistente principal y ser un líder por mérito propio. Seguramente, todos conocemos ejemplos de personas que están cómodas en el rol de ser asistentes pero aterrorizados de asumir el liderazgo por su cuenta.


Cualquiera sea la explicación correcta (y quizás todas lo son) Aarón se mostró reticente a asumir su nuevo rol, y Moshé tuvo que darle ánimo. “Es para esto que  has sido elegido”.


Pienso que nos cuesta mucho trabajo asumir nuestras misiones en la tierra y las evadimos de muchas maneras, pero a eso vinimos, no debemos olvidarlo y debemos realizarlas con amor, aprovechando y agradeciendo su desarrollo. 

¡Shabat shalom a todos!


Grace Nehmad

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