Los campesinos se unen al combate urbano en el mito de Larzac en 1971-81 y la historia deja su huella en nosotros. Se suman causas y buscan libertad y arraigo. Se izquierdizan y quieren soluciones. Era un combate contra un estado visto como lejano y no pendiente de su gente.
Las diferencias son de acuerdo al paisaje y la sequía de ese lugar. Se movilizaron con fuerza y el movimiento es inesperado, complejo y que despierta reflexiones múltiples como la representación y la acción. Converge todo tipo de gente en este movimiento. Muchos investigadores se acercan y estudian el complejo movimiento. Los apoyos se logran y sostienen. El camino se trazaba desde el simbolismo común. Permite encuentros y la constitución del movimiento. Dentro y fuera se logran las luchas y ser escuchados. Fue de no violencia y encuentra dinámicas que los protegen de las armas del gobierno. Me hace pensar en la importancia de las estrategias para lograr la escucha y permanecer protegidos. Pero el mito tiene también belleza y eso genera atractivo. Parece un maoísmo del campesino, aspectos casi místicos con fundamento de influencias políticas. Hubo gran organización y movilización. Me inspiran estas luchas y sus alcances, nos recuerda que es posible, no dejemos de soñar, luchar y actuar todas nuestras causas, de unirnos siempre.
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